Soy Álex Rubio,y esta es mi historia.

De grabadoras y máquinas de escribir

Toda mi vida profesional ha estado ligada al mundo de la comunicación, el marketing y la publicidad. Pero a esa etapa del camino llegué después de casi dos décadas también ligado a él pero desde mi lado personal, seguramente comenzando con la grabadora que mis padres me regalaron con 5 años; con ella empecé a hacer pequeños intentos de programas de radio en casa, sin más objetivo que el de escucharme a mí mismo una y otra vez.

Recuerdo como si fuera ayer cómo retransmitía y grababa mis partidos de fútbol en la alfombra, en un terreno improvisado con diminutas porterías que mi padre me iba construyendo con clavos, maderas y red de cuerda fina. Mi equipo se enfrentaba casi siempre a clubes desconocidos islandeses que en mi imaginación eran los mejores del mundo… o los segundos mejores, porque los míos siempre ganaban en la prórroga tras épicas remontadas. También hacía algunos sketch de humor con mi amiga Aindra (afortunadamente esa faceta sí se quedó atrás).

Soy de aquellos que empezaron a juntar letras con máquina de escribir, con la que componía, sentado en la misma alfombra, relatos breves de misterio. Con 10 años formé parte del equipo fundacional de “El Clip”, la primera revista de mi colegio, hecha todavía a medio camino entre fotocopiadoras y ordenadores. Como la revista de mi grupo scout, que también me servía para ir rompiendo el miedo a escribir para el escrutinio de otros.

Por aquel entonces ya sabía que quería ser periodista, sin ninguna duda. Y luché por ello… pero no siempre se gana a la primera. Viajando en un autobús por una carretera perdida del norte de Irlanda, en mi verano de los 17 años, una llamada de mi amiga Bea me cambió la vida: no nos habían cogido en Periodismo y en mi caso me esperaban cinco años de trenes diarios entre Valencia y Castellón para estudiar la licenciatura de Publicidad y Relaciones Públicas, mi tercera opción.

Explorando los ángulos de la comunicación

Mi vida académica, notable pero no sobresaliente, no dio de sí para estudiar la carrera de Periodismo… pero no por ello perdí la ilusión de convertirme en periodista algún día. En tercer curso, en la asignatura de Periodismo, pude resarcirme y me las ingenié para hacer una entrevista a Javier Fesser, que por aquel entonces acababa de dirigir ‘Mortadelo y Filemón’, personajes con los que yo (como tantos otros de mi generación) había crecido a través de sus comics. Cosas del destino, la profesora era la directora del periódico de la Universitat Jaume I, VOX UJI, y consiguió publicarla en un periódico de cabecera de Castellón; unos meses después, ya estaba trabajando con ella.

A la par, iba haciendo alguna breve incursión en radio en la recién creada emisora universitaria, mientras por las tardes, noches y fines de semana comenzaba a tirar fotos (en sentido casi literal) con mi Yashica, mi réflex de carrete de segunda mano, y a revelarlas en blanco y negro en el cuarto oscuro que monté en casa. En la antigua habitación de la enciclopedia.

Durante varios años pude explorar la Comunicación en mayúsculas desde diferentes ángulos, pasiones que no me han abandonado nunca y que fueron tejiendo lo que soy más allá de lo profesional.

Meses más tarde, en 2004, mientras aún seguía con mis estudios universitarios, di el salto profesional a Heraldo de Castellón, periódico del grupo Heraldo de Aragón, donde ejercí como redactor de apoyo en varias secciones: Sucesos, Local, Sociedad, Medio Ambiente y Economía. Mi sueño ya estaba ahí.

Hasta que me llegó la oportunidad de subirme a un reto mayúsculo: formar parte del equipo fundacional de la delegación de Las Provincias en Castellón (grupo Vocento), una experiencia que me curtió día y noche: no solo me convertí en responsable de las secciones de Diputación y Sucesos/Tribunales, colaborando en otros campos como Política Municipal, Medio Ambiente o Deportes, sino que tuve la oportunidad única de construir desde cero un proyecto de envergadura con la máxima implicación de un equipo espectacular. Una locura… si fue sana o insana, años después aún lo sigo meditando.

La experiencia periodística la viví con tal intensidad que sentí que había cubierto la página que debía rellenar con ella en mi historia y, extenuado, de repente me vi listo para empezar otro capítulo.

Tenía 23 años cuando decidí junto a mi grupo universitario de trabajo crear mi propia agencia, Círculo Rojo Publicidad y Comunicación. En ella comencé mis pasos como Planner y durante siete años desempeñé también el cargo de Administrador/Gerente, siendo uno de los socios fundadores. La agencia me permitió entender, desde el marketing y la publicidad de carne y hueso, las verdaderas implicaciones de los procesos y ritmos publicitarios dentro de la estructura de PYMES, grandes empresas e instituciones públicas, incluso con otras agencias, con las que trabajamos codo con codo, a nivel local, nacional e internacional. Lo que comenzó siendo una agencia de publicidad integral pero alejada del mundo digital (pues en la carrera no llegamos a estudiar nada relacionado con él más allá de cómo hacer banners en Flash) acabó por virando en 2008 a una agencia de publicidad especializada en el incipiente online, cuando detectamos que aquello tenía pinta de ir en serio. En mi caso, fue el momento en que acoplé a mi mochila de planificación estratégica otra que incluía la estrategia digital para un mundo en constante ebullición. Y así hasta hoy.

Entre medias y entre todo, en 2010 nos lanzamos a crear el evento Adictos Social Media, en el que junto a Isra García y dentro de la estructura de Círculo Rojo fui co-organizador y ponente permanente. Un evento con el que recorrimos, dialogando sobre el 2.0 y el cambio de relación entre usuarios y marcas, ciudades como Madrid, Sevilla, Málaga, Valencia, Alicante, Valladolid, Bilbao o Murcia, y que cerramos en 2013 en Barcelona tras 13 ediciones que también se hicieron muy populares en América latina. La despedida definitiva la haríamos años después en La Nucía (Alicante).

Fue entonces cuando comencé a impartir conferencias, seminarios y clases, tratando de proporcionar mi visión sobre los cambios tecnológicos y digitales y su efecto en el ámbito del consumo desde el prisma de la estrategia publicitaria. Arranqué como profesor en el Máster Universitario de Aplicaciones Multimedia para Internet de la Universidad Politécnica de Valencia (España) en 2009, a la vez que comenzaba a impartir workshops digitales en Cámara de Comercio de Valencia, donde ahora soy miembro del Claustro de Docentes en su Escuela de Negocios Lluís Vives. Ahora, la vista atrás me recuerda que he pasado por más de una centena de escuelas de negocio, universidades, eventos y empresas para hablar del cambio en el consumidor y en la sociedad y, lo más importante aún, de cómo abordarlo para conectar de nuevo con él desde las agencias, empresas, instituciones y marcas.

De agencias (erróneamente) integrales al ámbito digital

Re-evolución en busca de la innovación

En 2013 sentí un revoltijo en el estómago, un empujón a lo desconocido, la llamada a un salto al vacío necesario para evolucionar. Dejé mi ciudad, mi agencia, mi vida anterior… y empecé a construirlo todo de cero. Corrí hasta el infinito. Empecé a romper huevos con amor. Vacié la tinta de mis ideas, mientras el bote se iba rellenando una y otra vez, primero en mi blog, luego en prensa o medios de comunicación (y más tarde en un libro). Viajé como nunca. Conocí y reconocí un mundo plagado de personas con magia. Reflexioné sobre todo y nada, hasta dejar de encontrar respuestas y darme de bruces con más preguntas. Hasta encontrarme de nuevo. Y entonces me casé en Las Vegas con otra loca. Desde la meta de la Maratón de Berlín, mi cuarta en un año (Amsterdam, Valencia y Barcelona fueron las primeras, y tras la alemana llegaron Budapest y Lisboa), cruzamos el charco rumbo a Costa Rica, Colombia, Venezuela y Panamá, en la que fue mi primera gran gira de conferencias; fueron tres meses de experiencias, sensaciones, amigos y aprendizajes para siempre.

A mediados de 2014 arranqué mi siguiente reto empresarial y personal: junto a Staša Mrkonjić fundé Twelfhundred en Londres, donde estuve viviendo durante dos años. La agencia, orientada a conectar marcas a través de la publicidad y el marketing en un escenario cambiante, comenzó a crecer en las islas y también en España, Latinoamérica y Estados Unidos, sin perder la esencia de la cercanía, el trabajo con cariño y la disrupción permanente como irrenunciable razón de ser. En 2016 decidimos migrar nuestra sede de vida y trabajo a Benicàssim (Castellón – España), porque en el fondo somos de mar, y es desde aquí desde donde tengo la suerte de dirigir un gran equipo de profesionales inquietos.

Después de 37 otoños, no tengo muy claro si la vida me ha tratado bien, mal o regular. Imagino que como a todos, con momentos de suerte, pruebas, barreras y pasajes de dolor. Lo que sí tengo claro es que eso no es lo importante. Fui capaz de encontrar la energía, inspiración y compañía necesarias (y también de traerlas al mundo para hacerlo aún mejor) con las que no dejar de reinventarme, de buscar otras formas de vivir, otras formas de pensar. Escribo estas palabras y no puedo evitar pensar en mis primeras experiencias profesionales y en ese camino de #replanning permanente en el que me embarcaron. En el instituto fui profesor de repaso de alumnos de secundaria, y antes de cada sesión me tocaba estudiar, indagar y reflexionar de nuevo para poder enseñar. Después, con 19 años, mientras estudiaba en la universidad, empecé a trabajar en McDonald’s, donde cada día cocinaba cientos de McPollo y McNuggets a destajo, pues aterricé en plena crisis de las vacas locas.

Creo que siempre intuí que esto iba de ser resiliente, curioso y no parar de aprender una y otra vez. Y eso es lo que soy, más allá de los méritos o fracasos. Y cuando se me olvida, trato de recordármelo.